lunes, 27 de septiembre de 2010

¡Qué pena!...
Hoy puede más el miedo
que la tarde de abril enamorada.
En las miradas se derrumba la confianza
husmeando los espacios
en busca de una bala.

Qué pena...
La vieja calle abierta
con sus ecos de pasos
con sus risas y besos
se desmerece sola
entre muros desiertos
y aceras tan vacías.

Es un tiempo que pasa
es espera
es una larga noche
tan larga que no acaba.

¡Qué pena!
Se marcha solo el tiempo
por veredas extrañas
la espera va muy lejos
camino de la nada.
Ente tú,
yo,
y la noche...
ha nacido un misterio
que se relame entero
protegido entre muros.

La soledad perversa
lanza los borbotones de suspiros,
mientras la calle vieja,
sus soledades mudas,
ha convertido en manto
-sigilosa tiniebla-
que nos resguarda el nido.

Entre tú,
yo,
y las horas melosas
de sudorosas pieles,
se ha tejido un misterio
de muy frágil vestido.
No hay un lejos de ti.
En la distancia,
los fantasmas me despiertan con los gritos
de su esperanza muerta
y su mirar perdido
cargado de preguntas
que no esperan respuestas.
El cristalino encanto de la vida
se ha vuelto erial lleno de cruces
donde se está a resguardo
con un disfraz de sombra.
Se cruzan las voces en las calles
nadie pregunta
en un tiempo en que sobran las respuestas.
Las imágenes se han vuelto horrores sin museo
exhibidas
en cualquier banqueta ardiente
de cualquier pueblo olvidado.
Los perros lamen la sangre
y las puertas se cierran
ante el paso de sombras.
Sólo el canto infantil se asoma a veces
para emitir con su voz dulce
la letanía que aleja los temores
con la canción de cuna.
Nadie pregunta
la pregunta se ha hecho innecesaria
para tantas respuestas
descompuestas al sol
entre moscas golosas
y su banquete humano.