Abrí la ventana, preso del calor, para dejar que el viento fresco o tibio se enseñorease de mi casa.
Ahí, frente a mí, mirándome con sus enormes ojos cafés, delante de sus alas con apariencia del papel celofán, estaba la mosca.
La vi y me vio.
Me pregunté si tendría algún nombre...
Entre los millones de moscas que hay en el mundo... ¿Quién sería ésta?
Ella me miraba atenta, seguramente se preguntaba lo mismo:
Entre los millones de humanos, estaba precisamente frente a éste, o sea, Yo.
Luego, mostrándose más práctica que filosófica, me lanzó su desafío:
voló zumbando y zigzagueando, y se posó en mi antebrazo.
Reaccioné tomando lo primero que encontré a la mano para surcar con ello el aire, con tajos asesinos.
Como casi siempre lo hacen las moscas, los evadió y se internó en la casa buscando sombras, quizá.
Yo dejé de pensar en ella.
¿Quién se ocupa de lo que haga una cochina mosca?
No sé, ni supongo lo que haya pensado ella de mí.
Poco debe importarle a cualquier mosca regresar a ver lo que hace cualquier humano.
las voces de mis silencios
en mi silencio hay voces buscando otros silencios.
sábado, 19 de mayo de 2012
Las dos lenguas
I
Conchita Tseck y yo, acurrucados sobre al tierra, mirábamos
por entre las varas del jacal cómo su hermana mayor paría a su primer hijo.
Algo quise decir y ella me calló sellando sus propios labios con su dedo
índice.
Allá dentro, la Vieja Sarah Peckt lavaba en una vasija al
recién nacido, mientras las demás ancianas hacían lo mismo con María Asunción.
Concha me tomó de la mano y me jaló rumbo al brocal del pozo. Ahí, pensativa,
desvió su infantil mirada hacia mí. Viste –me dijo-, -eso hacemos las mujeres:
tener los hijos.
Ya sé cómo se hace.
II
El viejo Joaquín Tejh era “Soplador”. Todos los males de la
selva huían del soplido de su boca. Soplaba con agua y con alcohol según fuera
el demonio que desterraba de los cuerpos de los indígenas. Soplaba al cielo
nublado cuando la lluvia ya había anegado en exceso las veredas de la selva, y
el cielo se despejaba un poco más tarde.
Una vez, cuando yo aún no cumplía los diez años, entré a su choza y vi un enorme altar lleno
compuesto por dioses cristianos e indígenas.
Le pregunté en la lengua de los niños, para qué servía tener Dios. Él, como
casi todos los del rumbo, no hablaba
bien las dos lenguas, más el Tostsil que la “Castilla”. Usando un poco de ambas
me respondió: “Para saber por qué sufre el hombre”.
Nos quedamos mirando el crucifijo ahumando que presidía su
altar. Yo vi al Hijo de Dios sacrificado por nuestras culpas, como enseñaba el
hermano de mi abuela, que era el cura del pueblo; y él vio al Dios que vino a
enseñarle cómo se debe sufrir en esta vida, “por puro gusto” (decía), y no como
la misma vida le había enseñado a sufrir siempre, sobre todo por ser indio, a
toda su familia, durante tantas generaciones.
III
Las dos lenguas
Cuando cumplí los cinco años, mi familia y yo fuimos a vivir
al rancho del abuelo.
Adán, Concepción, Luvia, y Guillermo (casi todos de mi edad)
fueron mis nuevos amigos. Ninguno de ellos hablaba español, decían escasas
palabras; se entendían entre ellos en la lengua nativa de sus padres.
Nos volvimos un mismo paisaje con las hierbas del campo. En
poco tiempo aprendí a decir y entender casi todo lo que ellos dominaban de su
lengua materna. Cuando mi abuela me escuchó hablar en su idioma preguntó que quién
me había enseñado. No le supe explicar nada. Le respondí con muchas risas, como
lo hacían mis amigos de la infancia cuando no entendían lo que les decían, en
la “otra lengua”.
IV
Las otras lenguas
No lo sabía, apenas recuerdo. El Cenzontle, la Naullaca, el
Perro y los Monos, y otros animales
hablan su propio idioma. Habla el agua y habla el viento. El agua, como
no tiene lengua, usa a las rocas, a la tierra; y el viento usa a las hojas de
los árboles, las peñas de los riscos, las varas secas, los picos de las aves, los
troncos de los árboles, el cuerpo del bambú y la lengua de los hombres. No hay
silencio en la selva. Todo canta, todo murmura. Luego la lluvia habla con voz
de palma seca desde el techo de las chozas.
Decía el viejo Joaquín Tejh que los dioses y los muertos
hablan con voz de flama desde las mechas humeantes de las velas de cebo, desde
el leño de ocote. Todo se anuncia a tiempo para no perturbar el camino de los
otros. Sólo hay que saber escuchar y entender lo que dicen para llegar a viejo
entre todo el universo verde.
Etiquetas:
cuento breve
lunes, 30 de abril de 2012
nombre
Para ser alguien
para oír y responder
para las listas
los pasaportes.
Para mirar por las calles lluvia sintiendo desde el yo.
Para recibir esos besos tuyos
para escuchar que te llaman entre mares de caricias en la piel desnuda
y responder con gemidos ardiendo con amor de boca.
Para saber a quién se olvida
a quién se recuerda
a quién se llora
nos volvemos nombre
además de rostro:
Nombre
además de rostro.
para oír y responder
para las listas
los pasaportes.
Para mirar por las calles lluvia sintiendo desde el yo.
Para recibir esos besos tuyos
para escuchar que te llaman entre mares de caricias en la piel desnuda
y responder con gemidos ardiendo con amor de boca.
Para saber a quién se olvida
a quién se recuerda
a quién se llora
nos volvemos nombre
además de rostro:
Nombre
además de rostro.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Cuando no sé de ti
Me vienen alas
Pasos
Ansias
Quiero oler los rumbos de la primavera
Desvelar los aromas de luna
Los puertos del verano
que cobijan tu cuerpo
Al misterioso incienso que se fuga
entre nubes fantasmas
Preguntarle por ti
Por su hermana misterio
La que se vuelve bruma
La que marcha sin huella
La que se evade, blanca,
entre mi noche oscura
Eso pasa
Cuando imagino
que alguna vez te vi
que alguna vez
vino el amor por mí.
sábado, 18 de febrero de 2012
así...
como destello potente
irrumpes por mi ventana
con tu cañón de iones encendidos
fuego ardiente solar
voy a herirte con espejos cóncavos
para hervir los frijoles en la olla de barro
y calentar vapores solares en el temazcal
con tantas hierbas santas
como pueda juntar en el campo
sin mutar sus olores
así...
cruza mi ventana tu ojo luminoso
vienes a ver mi sombra
a contar mi día
a obsequiarme los reflejos de las flores
y del diamante inconquistable de la gota de agua
vienes todos los días a llamar mi pupila
para un día de fiesta de colores
voy a guardar pedacitos de rayos de tu cabellera dorada
y atarlos unidos con los lazos de mi memoria
una balsa solar me haré
ligera y luminosa
dorada y ardorosa
donde vuele mi alma en despedida
buscando el horizonte pasajero
tras la fuga de estrellas que me lleve hacia el centro
de mi hoyo negro.
como destello potente
irrumpes por mi ventana
con tu cañón de iones encendidos
fuego ardiente solar
voy a herirte con espejos cóncavos
para hervir los frijoles en la olla de barro
y calentar vapores solares en el temazcal
con tantas hierbas santas
como pueda juntar en el campo
sin mutar sus olores
así...
cruza mi ventana tu ojo luminoso
vienes a ver mi sombra
a contar mi día
a obsequiarme los reflejos de las flores
y del diamante inconquistable de la gota de agua
vienes todos los días a llamar mi pupila
para un día de fiesta de colores
voy a guardar pedacitos de rayos de tu cabellera dorada
y atarlos unidos con los lazos de mi memoria
una balsa solar me haré
ligera y luminosa
dorada y ardorosa
donde vuele mi alma en despedida
buscando el horizonte pasajero
tras la fuga de estrellas que me lleve hacia el centro
de mi hoyo negro.
lunes, 13 de febrero de 2012
sin el canto
Sin el canto del grillo
desmerece el aroma de la noche
Son pecas blancas las estrellas
Y la luna
sólo un trozo de queso abandonado
El rocío despierta simple gota
Y el arroyo
agua tonta que corre ganando la bajada
Todo debe cantar en la floresta
porque las voces mudas
son almas marginadas
y el canto indiferente
que no distingue ausencias
huele a ausencia del alma
sin el canto del grillo
desmerece el aroma de la noche
Son pecas blancas las estrellas
Y la luna
sólo un trozo de queso abandonado
El rocío despierta simple gota
Y el arroyo
agua tonta que corre ganando la bajada
Todo debe cantar en la floresta
porque las voces mudas
son almas marginadas
y el canto indiferente
que no distingue ausencias
huele a ausencia del alma
sin el canto del grillo
La chicharra
el búho
yo
y tú
sólo somos fantasmas.
el búho
yo
y tú
sólo somos fantasmas.
lunes, 30 de enero de 2012
Ay sí… los cuadros, los rectángulos, los crucigramas…
Todo cabe en un cubo si tiene las longitudes simétricas y
ángulos rectos
Todo menos lo oblongo
Lo elíptico
Lo irregular
Miro al cielo y quiero ordenar las estrellas
Que queden encuadradas
Que no estén dispersas.
Quiero escritos que parezcan crucigramas
Con la respuesta “correcta” y el orden adecuado
Como esos juegos infantiles
donde cada figura cabe y entra en su espacio
Las neuronas debieran se cuadradas
Los astros, al menos, en órbitas redondas
Tu palabra y la mía, al menos coordinada
Te digo algo y ya sé qué me respondes
La respuesta correcta
La perfección irrenunciable.
Demos muerte al poeta incorregible
Satanicemos al filósofo insondable
Venga la hoguera para la estulticia existencialista
Para la vagancia fuera de los muros de la verdad predicada, aceptada
venerada.
Hágase la voluntad de lo cuadrático bajo los cielos y en
toda la tierra
Mientras me sueño viajando entre las galaxias luminosas
De desconocidas estructuras, dimensiones y proporciones
Llevando a mis bacterias polizones
Entre las comisuras de mis dientes
Y mis espacios intestinales
En pos de la confrontación con lo incomprensible
Que estimule en mis genes
La apoteosis mutacional.
sábado, 21 de enero de 2012
cómo es querer poquito
es como meter los besos en un cántaro de barro
o dejar que los latidos emocionados vivan sólo un minuto
es quizá
emocionarse una tarde, rodeado de palomas
mientras el quiosco suena y suena al son de la sandunga
querer poquito es casi un vuelo de abeja
esforzándose tanto para llevar el polen
o quizá el de una mosca
irrumpiendo a la siesta para que no me pierda
esa luz del ocaso
poquito, así de poquito...
tanto que se sostenga entre dos dedos encontrados
qué complejo es poquito
me desata reacciones de locura
ay, si mi suspiro dura tan poquito, comparado al del sol
y si poquito, es la décima o centésima parte de un miligramo
o de un mililitro
para una bacteria eso puede ser un océano
poquito no se puede
no sé cómo medir ese poquito
por eso siento que te quiero mucho
mucho
y si no lo sientes
es quizá porque no me cabe en el pecho
un amor tan esplendido
que te ciegue la vida
desde que empieza el alba.
es como meter los besos en un cántaro de barro
o dejar que los latidos emocionados vivan sólo un minuto
es quizá
emocionarse una tarde, rodeado de palomas
mientras el quiosco suena y suena al son de la sandunga
querer poquito es casi un vuelo de abeja
esforzándose tanto para llevar el polen
o quizá el de una mosca
irrumpiendo a la siesta para que no me pierda
esa luz del ocaso
poquito, así de poquito...
tanto que se sostenga entre dos dedos encontrados
qué complejo es poquito
me desata reacciones de locura
ay, si mi suspiro dura tan poquito, comparado al del sol
y si poquito, es la décima o centésima parte de un miligramo
o de un mililitro
para una bacteria eso puede ser un océano
poquito no se puede
no sé cómo medir ese poquito
por eso siento que te quiero mucho
mucho
y si no lo sientes
es quizá porque no me cabe en el pecho
un amor tan esplendido
que te ciegue la vida
desde que empieza el alba.
cada vez que te miro me reencuentro,
allá, en el viejo barrio de mis abuelos
donde la luz se volvía verde por las hojas de mango
y el viento era un perfume que olía a pastel de nuez
te miro y me veo
veo lo que no vi en mi tiempo
nada se detiene un instante
en ese apresurado afán de parir todo
que tiene la vida.
allá, en el viejo barrio de mis abuelos
donde la luz se volvía verde por las hojas de mango
y el viento era un perfume que olía a pastel de nuez
te miro y me veo
veo lo que no vi en mi tiempo
nada se detiene un instante
en ese apresurado afán de parir todo
que tiene la vida.
jueves, 12 de enero de 2012
Callar, o no.
Callar, o no.
tomar la voz
o la palabra
para escribir o pronunciar un verso
que pensamos es verso
Aunque no cumpla reglas
ni sumiso a las normas...
se declare poesía.
Callar, o no.
Dejar que afloren los temores
a las miradas frías
que esperan que el silencio
solamente se rompa
para estibar palabras
que se ajusten al modo
que hicieron las costumbres
que las llaman poesía.
Callar, o no
Dejar que la mirada
se vuelva vieja y muda
silenciosa y solemne
de todo lo que mira
Y que la voz del alma
se limite a algún beso
musitado en silencio
en una noche tibia
Encarcelando al ángel
de la citara impía
que quiere hablarle al viento
celebrando a la vida
Callar, o no
Dejar que el mundo goce
sólo vastos silencios
y breves armonías
Excluyendo a las voces
tempestuosas, traviesas
que cuentan a su modo
con sus letras adversas
las penas y alegrías.
Callar, o no
Dejar pobre a la vida
Como si nuestra huella
no tuviera en su senda
amaneceres locos
e hirientes despedidas
Como si del martirio,
del naufragio, surgieran
sólo ecos redondos
sobre empedrada vía.
Callar, o no
Ceder ante el ultraje
que nos declara ajenos
igual que en tantas cosas
que no nos piensan buenos
Que nos piensan indignos
descastados
y ajenos
y ajenos
Hablar...
Tomar la pluma loca
y usando nuestra boca
cobijar nuestro invierno
Que nada es tan tierno
como decirle al otro...
algo más, de lo poco
que no se volvió infierno
Hablar
Investir al poeta
que surge de la grieta
que no habita en rotondas
de elogios a una lengua
Humanidad desnuda
Viento lleno de cuerpos
Afanosos, umbríos
bebedores de penas
hambrientos de amoríos
Padres de ese otro canto
que entre risas y llantos
se simula murmullo
presuroso de puertas
¿Callar, o no?
¡No!
Que no reine el silencio
Que se llene la vida
de presuntos poetas
intentando poesía
Si no alcanzan la gloria...
sí alimentan la vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)