viernes, 16 de abril de 2010

tímida llovizna

Las primeras gotas de lluvia se hacen presentes en la ciudad. Entre el eco de los pasos y las congeladas huellas de las gotas la gente no corre para buscar refugio, continúa su camino apresurando el paso. Las calles se enmorenan levemente a causa de las nubes que están sobre ella provocando la lluvia, pero se alcanza a ver todavía el panorama citadino a lo lejos, el velo de lluvia no se teje aún con fuerza. Sobre la banqueta admiro los granitos de hielo que acompañan a las gotas en su caída y los parabrisas de los autos muestran las huellas del goteo en la perforada superficie de polvo que exhiben el dibujo de las gotas como si las hubieran perforado. Los perros caminan por la acera con la cola entre las patas y las orejas caídas, apresuran su paso como si tuvieran un rumbo predeterminado y no las amplias calles en donde consumen todas las horas del día buscando algo de comida. De repente la llovizna cesa. Aparece entre las nubes el sol pintando en su lado opuesto un endeble arco iris, por ahora el chubasco ha fracasado sin cubrir sus anhelos de torrencial precipitación, miro la la nubecilla desde mi acera humedecida y le doy ánimos como si fuera un bebé que empieza a ensayar sus primeros pasos: ya vendrán tiempos mejores le digo con el pensamiento. La tarde parece comprender y responde con unas suaves ráfagas de viento fresco que se eleva a las alturas en pos de la breve nube que ya se mueve hacia el oriente llevando su aviso de estación en crecimiento.