martes, 27 de octubre de 2009

La Suicida

La muerte le viene a cada minuto,
el túnel del pecho se le inunda,
los ojos se anegan de lágrimas;
solloza y no ama:
                                   muere.

Afuera Llueve

Afuera llueve
los neumáticos me cantan su coro de partidas
salpicándome el alma postrada de deberes.
Afuera llueve
llueve suavemente
melancólicamente

Me imagino tus pasos huyendo de las brisas
o cobijados en el techo de algún café
degustando una tertulia para desmoronar los sentimientos.

No, no lo dije ni lo pienso.
Ni siquiera quiero pensarlo
no me cabe en el alma el pensamiento
de que, salva de brisas
pudieras estar en algún motel
con las piernas entrelazadas a un amante furtivo
robándole calor para apagar tus infiernos.

Afuera llueve:
hay mundo y hay vida;
como bacterias se multiplican los eventos
donde todo sucede
mientras transcurre el día.

Eran 14 pasos...

Eran Catorce Pasos...



Eran pasos y pasos y pasos y pasos....

Se acababa la habitación y me regresaba de espaldas al principio de la pieza. De nuevo: pasos y pasos y pasos y pasos... hasta que llegaba a la pared de enfrente; volvía a regresarme de espaldas al principio de la habitación y empezaba de nuevo a caminar hacia el frente.

Pasos y pasos y pasos... hasta llegar a la pared, y de nuevo..., el regreso, caminando de espaldas, hasta sentir la fría pared cerca de mi cuerpo, sin permitir que ésta tocara mis carnes abiertas por los latigazos. No sé si eran hechas con cables para la luz eléctrica, trenzados; o con algún otro material, igual de rígido y resistente.

Lo hacía todos los "medios días", mientras mis torturadores tomaban un descanso.
Había aprendido a contar los pasos exactos, pese a las vendas tan ajustadas alrededor de mis ojos.

Eran 14 pasos...

martes, 13 de octubre de 2009

las letras y las moscas

La letra y las moscas tienen tanto en común:
ambas necesitan del movimiento continuo
para tener sentido.

El tiempo es...

El tiempo zumba, sabes...,
yo siempre pensé que era un tic tac
pero no... eso es un reloj.
El tiempo zumba como alas de mosca
o rodar de ruedas...
Bueno, a veces también carcome.

Cada segundo duele.

domingo, 11 de octubre de 2009

Amanecer de pueblo.

Mientras me apuro el resto de la mañana en una taza de café, recuerdo mi llegada a aquel pueblo.
Las calles solitarias de bullicio, bajo mi ventana las palomas andan matando el tiempo y el frío disputando algún grano extraviado y compartiendo un apareamiento. El campanario acaba de cantar con su voz de bronce el llamado a misa. Quizá por eso se despertaron tan temprano las palomas. Algunas sombras de efecto tardío se siguen despidiendo de sus hermanas fugitivas, las que duraran todo el día ocultándose y sobreviviendo al sol inclemente con sus vidas. Aparecen por las calles las mujeres viejas con sus rebozos embrazados, acomodándose el rosario entre las manos para espantar su demonios internos. Todos los pasos concurren a misa. Mariana está detrás de mí, siento sus senos deformarse contra mis espaldas. Le hago un sitio en la ventana y me deleito oliendo sus cabellos castaños enredados y con olor a hierbas.
Ella mira y encuentra las imágenes y matices necesarios para reconstruir su visión en el lienzo.
El flujo cesa, seguramente la nave de la Iglesia del Santo Patrono ya esté a toda su capacidad. Las calles se quedan vacías durante el curso de la primer misa, Algunos perros se echan bajo las bancas del jardín a esperar a que sus amas queden descargadas de sus faltas mundanas y  bendecidas por el halo divino.
Cierro la ventana y me devuelvo al lecho a esperar a que la mañana se vuelva luz plena y el bullicio nos envuelva en el barullo cantoral que nos haga perder, por unas horas, la consciencia de la vida.

Preámbulo de...

María está haciendo los huevos revueltos. Ella es magistral en eso. Estamos solos este sábado y eso nos hace sentir un nerviosismo pre-escénico delicioso.

Se sienta enfrente de mí y le empiezo a leer mis poemas.
Se pone seria, pensando, y empieza a hacer la traducción al tsotsil de su región.
Yo escribo lo que escucho, no importan las letras mientras sean útiles para imitar los sonidos. Faltan letras los sonidos son inmensamente ricos, sobre todo ese chasqueo de la lengua que ni juntando las kcpt lo puedo sugerir

Cuerpo de agua estelar
cómo te pareces a la nube que llevo dentro
la que riega mis sembradíos
para hacer brotar de mi vientre
los hijos de maíz.

Cabello de luna
apadrinaste el día de su creación
dejaste la línea de dientes
para estar presente en cada sonrisa.


Llevamos algún tiempo reuniéndonos  cada vez que nos quedamos solos.
La poesía la incendia. Provoca a su desnudez interna a externarse.
Navegamos en un mar de poemas con sus cabellos negros relucientes de selva femenina
en sus senos morenos mis labios se pierden
me bebe
me abraza como premio a su antojo:
cogemos, cogemos como locos hasta que ella se entume y se queda tiesa degustando, suspirando.

Quiero volver a los poemas, a escucharlos en su lengua materna, pero ella no está de humor, está en otro mundo, en otra órbita, lejos, lejos: allá donde el apetito de vida es como botella de aguardiente que sorbo a sorbo nos va llevando a la embriaguez total.

La noche envuelve nuestra desnudez en el ciclo habitual de nuestra aventura: dormimos-cogemos, dormimos- cogemos.
Allá por la madrugada la grabación queda lista para ser emitida al día siguiente en nuestro programa de radio.

Dos tazas de café humeante se vuelven campanario para ese amanecer que aún presume allá afuera, la marcha de los autos a alta velocidad; en menos de una hora, todo marchará a paso de tortuga: así es la gran ciudad.

Tuhuali (su nombre indígena) está seria. Esta tarde será el último día que nuestras voces serán  pareja en la emisión de radio internacional, después me escuchará, las veces que pueda, desde la ciudad de Europa donde tomará su especialidad en sociología. 

Tsckse aliltlick anmjkalickl.

Yo sé que eso quiere decir que su entrega es más allá del alma.
Sólo le digo te quiero, en nuestra lengua no existe una expresión así de breve y profunda.

Se le llenan los ojos de llanto, tomo su cuerpo menudito entre mis brazos y la llevo a la regadera, nos bañamos de todo, de agua tibia, de jabón y de besos.
Mi anhelo de impregnarme eternamente de su aroma es inútil, sólo habrá entre nosotros esa llamada semanal, apenas posible, para sobrevivir con los mutuos presupuestos, y los dos años pasados compartiendo un mismo proyecto. Después, nuestras vidas se volverán como arenas y espuma de playa.

sábado, 3 de octubre de 2009

El Tamarindo

Eran como diez, sí...,  como diez. Ya se les había hecho como hábito emborracharse en el panteón desde que a los policías del pueblo también se les había hecho hábito subirlos a la patrulla y llevarlos a encerrar a la comandancia por escandalizar en la calle o en el jardín.

-Se me ocurrió el panteón -dijo La Pulga-, porque a los muertitos, aunque les moleste el ruido... ¿ya qué hacen?

Jajajajaja


Lo dijo de tal modo que al juntar, casi, los dos hombros con la orejas, ladeó la cara y se vio como un niño travieso.

-Si, éstos ni pujan.

Jajajaja.

Por la madrugada, el litro de alcohol de caña mostraba las huellas del combate, y el "delirium tremens" también. Fue entonces que al "Ratón" se le ocurrió mearse sobre las tumbas, y a la "Perra" hacer un hoyo sobre una tumba sin lápida y defecar dentro de ella.

Los demás los vieron y reventaron en risas estúpidas, pero eso sí, muy sonoras.

-"¡Pinche Perra! Entre más escarbas, más le acercas la mierda en el hocico al difunto".

-Y ahí..., quién está  tu?

-Pos aquí, nadie... aquí on tamos, nomás entierran a los desconocidos.
Muchos venían de fuera, arrieros, prostitutas o vagos.
Chamacos hambrientos... ¿qué se yo?.

"Voi... voi"..., ansina nos aseguramos de no" tarnos" miando sobre la parentela.

De nuevo las risas.

Entre risas, los gestos de alguno,  de vomitar.

-Échaselo ahí compadre.

A ese "dijunto diai" que ni yerbas tiene en la panza jajaja, a ver ansina le brota una caña pá que nos la bebamos, compadre.

Y ahí fueron a dar parte de los hígados destrozados por el alcohol del 94 GL que usaban para los tragos.

Ya por la madrugada vino la neblina bajando desde el cerro del Chapulín. La mayoría ya estaban dormidos. La neblina llegó y cubrió todo el panteón.
Luego, se escuchó un chasquido como de fustazo sobre el lomo de algún animal.

Pasó lo espeso de la niebla y apareció de nuevo la imagen clara de las tumbas sin losa, sin nombre, en la parte del panteón llamada El Tamarindo, destinada a los restos de los más desamparados o de los desconocidos.

Un anciano con traje de manta y un torcedor sujetado a su cintura apareció entre todos.
Allá atrasito, amarrado al árbol de tamarindo que daba nombre a la sección del camposanto: un borrico color blanco palomo.

El viejo los miraba seriamente. Se quitó el sombrero y dejo ver su cabeza calva.

-"Disculpen las mercedes" -dijo-, con tanta fiesta no podía ni dormir.

Se lo quedaron mirando en la forma que miran en los pueblos, buscándole parentela al desconodido.

Un grito de mujer los distrajo, veían de juntito a la barda de adobe. "La Perra" estaba manoseando a una muchacha morena y la muchacha se le resistía.

Detrás de Domingo Pérez estaba un sujeto que lo abrazó y le dio una mordida en la oreja, arrancándosela de una dentellada.

-Tenemos hambre señores, -dijo el primer aparecido-. Tenemos "muncha" hambre, y el hambre se aguanta hasta que la panza se alborota.

La Perra gritó allá atrás. Le había dado un beso a la morena y se le habían quedado los gusanos metidos en la boca, eran tantos, que no lo dejaban ni gritar.

Aparecieron más y más personas al rededor de los borrachos. La borrachera se les disipó de inmediato y pensaron en huir.
No, ya no era posible abandonar el Panteón.


Aquí en San Jumipero, "tamos" tan lejos de todo que aunque se quiera, siempre "semos" nosotros solitos los que arreglamos nuestros asuntos.
Aquí "munchas" cosas han pasado que si se las contara diría que son cosas de gente de pueblo. Por eso mejor así lo dejamos, nosotros sabemos qué y qué no pasa en nuestro pueblo.

Aquella vez, los que vinieron de la Capital del Estado dijeron que unos perros se habían comido a los borrachos que aparecieron mutilados y engusanados allá en el Tamarindo. Y como que no creemos que eso "haiga " sido. Desde "entoncis", todos los 29 de septiembre de cada año aparecen cuerpos mutilados a mordidas y engusanados en ese sitio. Aunque la gente de aquí ya sabe y se encierra en sus casas a piedra y lodo, siempre hay engusanados que los traen de quién sabe dónde.

No hay de valiente que se asome por ahí... pá qué, ya con los que se quedan dormidos de borrachos por las calles de polvo del pueblo es suficiente. Pa qué andar de fisgón en las cosas de los muertos.

viernes, 2 de octubre de 2009

Muerto

Se quedó quieto. Su mirada aún acusaba el gesto de sorpresa de verme sacar una pistola y apuntarle a la cara.
Yo miré con asombro su enorme cuerpo, haciendo el prodigio de mantener el balance. Se miraba raro. Era un montón de carne y grasa sin voluntad que se quedó trabado entre la silla y la mesa; mientras las moscas empezaban a beberse la sangre coagulada que le manchaba todo el rostro.
Después de largos minutos de verlo así,  muerto, me levanté, deje unas monedeas para el cantinero y me marché de ahí después de darle una patada al cuerpo para que de una vez se mostrara, muerto.