miércoles, 30 de septiembre de 2009

Vienes sin besos

Vienes sólo como ojos
porque tus labios son de metal:
brillan...
lucen...
pero asesinan todo
con un beso.

Sencillamente amor

Yo no sé por qué tu padre te llamó Paloma
yo -de haberlo sido- te hubiera llamado incienso
o quizá Jardín...
También te hubiera puesto Luna
Sol o Estrella,
aunque viéndolo bien
y meditando los que soy contigo
te hubiera puesto Amor:
sencillamente Amor.

martes, 29 de septiembre de 2009

La Sombra

Empezó con sus dolores de parto pasadita la medianoche.
-Aguántate -le dije-, estamos muy lejos, y orita... apenas si a pie, y entre la noche sin luna..., vendríamos llegando ahí por la madrugada con tu comadre.

-No, mi comadre no.
El escuincle viene "atravesao".
 Hay que ir hasta el pueblo porque con mi comadre nomás no nace.

Me esperé otro rato, sus quejidos ya me tenían nervioso, y pos ni modo..., Me colgué el gabán en el cuello y me fui rumbo al pueblo pá ver si me mandaban una patrulla con el médico, o "cuantimás" pá llevar a la Carmen a que le abrieran la panza pá sacarle el chamaco.

Ahí pasando La Estanzuela se me pegó una sombra y apuré el paso.
Entre más me apuraba más sentía que se me acercaba "lótro".

No había nada de luz, era de esas noches sin luna.
Nomás por los tantos años de andar por los caminos de polvo no me perdí.
Como que las mismas hierbas le van tocando la canilla a uno pá decirle por "onde" sigue el camino.

Fue ahí casi "por lo de San Bernabe" onde me dio alcance la sombra.
Clarito oyí que casi corría, y nomás pá no pegar la carrera, y que no fuera a intuir que le tenía miedo,
no corrí.
Me volví hacia él y como pa verle la cara.
Hice como que encendía un cigarrillo y le convidaba otro.

Nada dijo.

La luz de la cerilla ni siquiera le iluminó tantito el rostro.

Nomás sentí como el acero frío se me metía en el vientre una y otra vez...,
una y otra vez; y luego..., se me fueron enfriando las tripas.
Se me acercó pá verme la cara.
No lo conocía.
No sabía ni quién era.

Pá que no andes "culiando" a la mujer ajena -me dijo- con su voz apestosa a mezcal.

No lo vi, pero me imaginé que venía para darme el último "tajo".

Pensé en "la Carmen" con los dolores de parto.

-Oye... me puedes hacer un favor último -le dije-.

-A ver, -respondió...

-Soy de aquí de Candelas.
Me llamo Ulogio.
Soy marido de "la Carmen", que orita está pariendo pero no puede, porque el chamaco lo "trai atravesao".

Apenitas pude decirle lo último porque ya el aire, todo, se me había salido por las puñaladas, o me había entrado..., ya ni sé.

Oí que dijo:

-¡Ah Caray!, pos pensé que eras de El Romero, de ahí donde le gustan los hombres, pa revolcarse, a mi mujer...; pero qué le aunque, es tan puerca que ya debe "trair" la saliva de fulanos de todos lados...

Se incorporó y pude sentir junto a mis cachetes el calor de sus pies envueltos como tamal en las correas de cuero de sus huaraches.

Luego sentí la daga otra vez atravesándome el cuello.

Ya no sentí dolor.
Sólo un zumbido.
Como aquella vez cuando me estaba "hogando" en la laguna con las raíces del mangle "enredao" en mis huaraches.

Sólo que esta vez... me fui yendo más suavecito...
Más bondadosamente...
Mientras mis ojos se despedían de la luz de los luceros solitarios que poblaban el amanecer que no llegó nunca.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Árbol para gorrión

Mi amor duerme en tu pecho palpitante,
se desplaza como anhelo
en cada destello que te mira
como se mira al sol de la mañana.

He aprendido a ser como árbol
desde que descubrí
que tienes alma de gorrión
que busca cada tarde
su rama preferida.

Esperas

Cada ventana
me cuenta
de los sitios
que han esperado por mí.

Sólo soy dos pasos
y una voz que arrulla a los secretos
que a veces canta
como la alondra
que viene a dormir en mi techo.

Este verano
en mi patio
volverán a nacer más golondrinas.

Espero que mis alas
aprendan a seguir sus vuelos
y que los sitios
que han esperado tanto tiempo
aún esperen por mí.

Temores

No me canso de escribir
¿será por eso
que me he vuelto un silencio?...

Silencio

Abuelo
han pasado muchos siglos,
y los dioses...,
siguen guardando silencio.

Flor de Alhelí

Te amo:
la palabra se hace vieja,
aburrida;
pero tú
eres como la flor de alhelí
que retoña en mi lecho
cada que huele
una gota de lluvia.

Los secretos de mi canto

Antes de partir
le pediré a la ceiba
que le cuente a los vientos
todos los secretos
que se guardó mi canto.

Abuela

Abuela
cuando la lluvia cese
te llevaré a la montaña
para que tus ojos ciegos
oigan cantar a las flores
el coro de la primavera.

Alondra

Mi nahual* es una alondra
que se perdió en la primavera
siguiendo el camino de las golondrinas
y no pudo regresar.

*Nahual: alma gemela del indio con cuerpo de animal.

Potsol*

Yo te quiero,
y no sé cómo es eso...
ni de dónde viene...
Es como cuando tomas potsol*
y la selva está mandando sus vapores
que te quieren matar.

*Bebida refrescante de los indígenas de Chiapas, hecha de maíz y cacao.

Leña Húmeda

Madre
el fuego quiere más leña
pero los troncos están húmedos,
y duerme en ellos el viejo humo 
que siempre te hace llorar...

Copo de Algodón.

Soy una lágrima que escurre en el silencio
cuando tú estas dormida
y no me puedes mirar.

Copo de algodón
sin tu mirada blanca
y tus mejillas de caspirol
la lluvia sólo sería
una cortina de lamentaciones.

Donde se bebe tristeza

Jojomaztle Icktl
Sa veranomizktel
Sa veranomizktel
Unyaki mya
Eacatl ce huarimozina
te machtatl tan huec
tamaztle miyka
 Tckso sa veranomizktel

Oh noche sagrada sin luna
me siento triste
me siento triste
y no sé por qué.
Quizá sea el vientre de mi madre
o el  miembro sembrador de mi padre
lo que me haya traído aquí
donde  sólo se bebe tristeza

Hermana Mayor

Chicomasté
ulitlkli tlakcmenzontla
sonaharavicklte
amauru sie.


Hermana mayor

De tu pecho bebí
mi nueva vida
y del ave nocturna
el poder de soñar

Madre y Luna

Bella Luna.
Mi madre ha escondido
en tus oscuros cabellos de la noche
las burbujas de plata
de mi cordón umbilical..

Mariposa

En el vuelo con saltos de la mariposa
se esconden de las aves...
todos los colores de la primavera.

martes, 22 de septiembre de 2009

Diosa

 Máscara de jade
bella y pétrea:
rostro de Diosa.

Labios de obsidiana
que aguarda mi corazón enrojecido
palpitando
palpitando
el doliente segundo
y su latido.

Letanias en el jardín municipal

Mi silencio vagabundea entre bancas,
rosales municipales
y álamos expropiados.

Un buscador de huellas
de aromas
de ecos perdidos en el tiempo
mientras dure el latido,
mientras mire las tardes:
todas las tardes.

Mi silencio es esclavo,
herido canto,
aceta cruel de nuevos sentimientos
perro hambriento que persigue a su amo
y no quiere saber
de otros intentos.

Mi soledad se muere en las tardes
en bancos que -aunque  viejos- no agonizan,
y  entre rosas que olvidaron las lloviznas.

No espera:
fallece en el portal
esperando noticias de tu prisa.

Sueños de mar al borde de una calzada.

Duermo casi en la mar
-tan lejana-...
Sin embargo,
me he vuelto marinero
que navega los sonidos
de una ciudad
navegante entre sueños.

Puerto de mar -parece la calzada-
donde mi vista atisba mil destinos.
Mi casa es torre vigía de marineros
y es un faro apagado
porque la luz durmiose en el recuerdo.

Olas de nuevos tiempos
naves de remos circulares
marineros sin vestigios de aventura
con un destino que se marca
por los cruces de calles
y las viejas esquinas.

¡Oh la marea!
acoso interminable irreverente
que una nube a su paso, solo deja
-como mortal herencia-
su excremento mortal
a la edad consumida.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Entre perezas y recuerdos ( proyecto de algún inicio de relato)


... y ahí estaba de nuevo la tarde, lanzando destellos a diestra y siniestra, diciendo adiós y hasta luego; y ahí estaba la bahía, colmada de las visiones del ocaso, retando al relumbrón oleaje, para ver quién hacia más cuencos… si el agua o las arenas.
Las gaviotas de siempre… Me pregunto sus nombres y las distingo vanamente por los claros y oscuros del plumaje, porque no sé de otra forma menos absurda para reconocerlas. Y este puente de piedra y adobe, encalado aún, esperando el tsunami final que lo borre y libere para siempre de su compromiso de unir abismos y atar huidas.
En  todos encuentro una conclusión y diversas coincidencia; sin embargo, el puente siempre fue mi favorito.  Desde su brazos de barandal amurallado me encantaba ver al escandaloso ruido del río, que apenas se distinguía corriendo como víbora cristalina en las entrañas de selva, echando bravatas y celebrando riñas contra las rocas y los recodos que le retuercen y torturan el alargado vientre: gritando y gritando, con su voz de murmullo, ante de volverse mar; a sus lados, bebiéndole sus gotas, las hojas grandes y verdes del follaje, las que se confundían unas con otras; y que yo, esforzado en el hábito de siempre, de distinguir una cosa de otra, le buscaba las diferencias entre las luces, los brillos y las sombras, para ponerle nombres y llamarlas de algún modo.
Eso era antes; antes de la sequía aquella que se llevó, entre sus páramos, todos y todos los motivos.
Sí, era antes, muchos días antes de tú que dejaras de estar por estos rumbos.
Después, mis ojos se llenaron de pasado, y mi mente zozobró, embriagándose cotidianamente con tu recuerdo.
Las cosas dejaron de tener nombre, y se juntaron en ese vano vaho vaporoso que es el tiempo que falta "para quién sabe qué", y que pesa tanto, como la pereza de abrir los ojos cada nueva mañana.


viernes, 11 de septiembre de 2009

La lluvia, la guitarra y un roble presunto.

¡Oh la lluvia ayer sobre mis hombros!,
valiente, mi guitarra naufragó
en su ataúd de silencios
por las calles pintadas de diamante.
Era mi paso una especie de catapulta
que hacia nacer las olas
y revolver el cuerpo
de las charcas furtivas
del extraño septiemre.

Las calles se quedaron vacías.
¡bien que tienen los perros sus guaridas!
y  los ojos de marzo
cobijados por nubes
me dejaban un recuerdo en la mojada.

Mi guitarra y yo en una calle solamente poblada por la lluvia.
Ella se soñó barca
y yo:
yo siempre he soñado ser roble
con el alma cubierta de olorosa trementina.