lunes, 29 de junio de 2009

Quiero

La inquietud me mata, me mata...
me mata como el oxigeno incendiado
como el sol me mata toda luz en la pupilas si lo miro de frente
me mata como me mata todo rescoldo torneado de la pura fantasía
después de mirar un platillo volador como comal en la cocina.
La angustia me mata, me mata..
Quiero hacer
quiero decir
quiero abollar mi cama con bostezos
quiero apagar los brotes de mis rosas con cubetazos de agua
atrapar al viento con alas de gaviota desquiciada
y borrar el ocaso de un plumazo,
de un plumazo de rollo de película tecnicolor...

Quiero hacer quiero decir.
ansias tengo de pararme de mi sillón de mimbre
cometer el desafío de cruzar los pocos metros que me separan de la puerta
y ya parado en su borde
para que me vea el mundo
abrir anchos los ojos
llenar de viento el pecho
y pujar... pujar fuerte
como mujer pariendo al primogénito producto de su vientre
para sentirme contento contento
y dejar de estar inquieto, desvelado por todos estos "quieros" tan absurdos
que me atormentan por la tarde
por la tarde
por la tarde
y no me dejan disfrutar
de mi sabrosa siesta.

Quiero
Quiero.

sábado, 27 de junio de 2009

Para

Respondo si preguntas
si preguntas inquieta
las preguntas que antaño
no encontraba respuestas.

Que si a este amor tan nuestro
le hacen falta más siestas
que si acaso los besos
que nos faltaron, pesan...,
si aquellos nos te quiero
le faltaron más fuerzas.

A un amor como el nuestro
las tumbas no le sirven
para ser almas muertas.
Si acaso,
los ocasos
las noches estrelladas
con una luna llena
y alguna nube blanca
que se presuma quieta.

Somos brisa de playa
que siempre está en pereza
que juega con las sombras
y la marea vieja.

Para un amor de hamaca
sobre playa serena,
apenas aire tibio
y alguna tarde quieta
con vista hacia la playa
con su arena revuelta
como guardando huellas
y algunas noche inquieta
que se volvió refugio
de algún baño de estrellas.

Para nosotros, mi alma...,
ya no bastan las puertas
nos hemos vuelto viento
nuestro aroma dispersa
aleteando en el tiempo
tantas lucidas letras
que te cantan, amada,
y que te vuelven fiesta
que te vuelven romance
las mil coplas compuestas
cada noche en que tarde
te adoró tu poeta.

martes, 23 de junio de 2009

Yo te desnudo a ti,

Yo te desnudo a ti...
A ti que eres mirada que me mira,
a ti que eres una ansia que se embriaga
con mis formas desnudas
deseando ser morada.

Yo te desnudo amando...,
esculpiendo a la rosa con dulzura
aspirando tu aroma entre la flama
que un verano travieso
-muy briago de lujuria-
nos cuerpos embriagara.

Yo te desnudo suave
musitando tu nombre
bebiéndome tu cara
y tu alma de cascada
envuelta en esa diosa
hermosa,
enamorada.

lunes, 22 de junio de 2009

Nos gusta ver llover.

Amada...
Vienen las lluvias con sus besos húmedos goteados
matizando al polvo hasta volverlo lodo
y limpiando la floresta
con sus locos diamantes derramados
como gotas de lluvia.

Mi mundo es de muros y techados
de calles largas
y numerosos ruidos.
Mi mundo sólo deja un espacio olvidado en los recuerdos
para pintar campiñas
para dejar que charcos olvidados
ahoguen los barquitos de papel
para que lloren de luto
las marineras niñas.

Mas nos gusta ver llover...

Llanto que moja el alma
como pared de adobe sostenido
en vertical resumen de recuerdos
que huelen a barro, a lodo
a trementina apagada
y que se miran
como cortinas suaves
ausente de vacíos
sobre largas calzadas
donde corren del agua
todos los seres vivos.

Nos gusta ver llover...
y nos gusta ver llover si estamos abrazados,
si estamos escondidos
entre cobijas suaves
entre besos pesados de ternura
y entre brazos que atan
como nubes de lluvia
las alegrías cortas
que regala la vida.

Ese frío pringado de su brisa,
de la brisa de lluvia,
me motiva a abrazarte
a beberle en tu pelo
donde prendido queda
el derramado cielo de la lluvia.

Nos gusta ver llover,
a ambos;
como nos gusta...
adormecer las tardes
con los ecos de lluvia.

domingo, 21 de junio de 2009

El plagio como una de las bellas artes

Mar, 09/06/2009 - 12:02 — margarito

PUBLICADO EN MILENIO SEMANAL
NÚM. 607, JUNIO 8 09

De la asimilación literaria al plagio, median confrontaciones entre autores. Aquí una revisión ante la polémica en torno al Premio de Poesía Aguascalientes 2009.

Imagine el lector que asiste a una exposición que tiene como tema el plagio a través de la historia. A la entrada hay una Gioconda gigante similar a la de Marcel Duchamp, quien a su vez la tomó de Leonardo da Vinci. En vez de vigilantes gruñones que esperan el menor pretexto para llamarle la atención al espectador, se permite echar al vuelo las dotes de artista y deformar o complementar el experimento de Duchamp. Algo así sucedió en Plagiarismo, exposición que recorrió varias ciudades de España. “El plagio es una parte vital de la cultura; es necesario para el aprendizaje, la cita del maestro al que se quiere rendir homenaje, o incluso la secuela de un personaje que el fan no quiere dejar de leer… es parte de la naturaleza elemental del ser humano”, afirmaban los curadores de la muestra.

Un recorrido por las salas le permitía al público enterarse de una gran cantidad de plagios, fraudes, copias y simples coincidencias documentadas, tanto de la literatura como de la arquitectura, la música y la pintura.
El término plagiar, del latín plagiare, tenía que ver en sus remotos orígenes con la venta fraudulenta de esclavos ajenos como si se tratara de los propios. Los epigramas de Marcial dan esta connotación al plagio: “Corre el rumor, Fidentino, de que recitas en público mis versos, como si fueras tú el autor. Si quieres que pasen por míos, te los mando gratis. Si quieres que los tengan por tuyos, cómpralos, para que dejen de pertenecerme” (“A Fidentino el Plagiario”). Lo reitera en “Contra un plagiario de su libro”: “…El que desea adquirir la gloria recitando versos de otro, debe comprar, no el libro, sino el silencio del autor”.

El que esté libre de plagio que arroje la primera piedra
Plagio o préstamo, influencia u homenaje, intertextualidad o collage, falsificación o copia; por descuido o negligencia, por mala fe o falta de creatividad, “expropiar” la obra de los demás no es una novedad. A lo largo de la historia de la literatura acusadores y acusados, víctimas y victimarios, integran una extensa nómina en la que figuran desde celebridades hasta autores menos reconocidos.

Séneca en sus Cartas a Lucilio se explaya en el tema: “Debemos imitar, como se nos exhorta, a las abejas, que vagan de un sitio a otro y escogen las flores apropiadas para elaborar la miel y luego disponen y aderezan en panales todo lo que recogieron... Hagamos esto mismo en lo que alimenta nuestro pensamiento, no consintiendo que ninguna de las cosas que tomamos se quede igual, a fin de que deje de ser de otro”.

Francisco de Quevedo y Luis de Góngora protagonizaron una de las polémicas de más largo aliento en la historia de las letras. Dos décadas duró el duelo, a base de retóricos dardos con veneno, diatribas y querellas. He aquí el reclamo poético gongorino: “Musa que sopla y no inspira/ y sabe que lo traidor/ poner los dedos mejor/ en mi bolsa que en su lira/ no es de Apolo, que es mentira/ hija musa tan bellaca/ sino del que hurtó la vaca/ al pastor”.

Las acusaciones contra Leopoldo Alas Clarín de haber alimentado algunas de sus obras con párrafos enteros de Èmile Zolà y de Gustave Flaubert, pese a que Clarín se defendió con todas las armas a su alcance, han sido superadas en la actualidad por el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, quien suma a la fecha 16 acusaciones de plagio. Hace unos meses el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) del Perú sancionó al autor de Guía triste de París a una multa de 57 mil 258 dólares por la supuesta apropiación de 16 textos.

“Mis allegados conocen mis técnicas de escritura. La realidad debe plagiarse y las letras son una forma de plagio de la realidad. Yo no incumplí ninguna falta contra la literatura, tal vez sí con la realidad”,dijo el ganador del Premio Planeta 2002.

La cadena original ni siquiera empezó con Clarín; el célebre autor de Madame Bovary mismo había sido señalado por el dedo flamígero del plagio debido al parecido de algunas páginas de su novela con una obra de Honorè de Balzac, quien a su vez fue acusado de sustraer otros frutos de huerto ajeno.

Cut-and-paste
La internet terminó por desaparecer las fronteras entre autores reales y piratas: lo que parece ser una práctica ejercida a diario por millones de estudiantes en el mundo termina por convertirse en un instrumento para quienes gustan de apropiarse del talento ajeno. Un juego muy distinto parecen proponer Jorge Maronna y Luis María Pescetti en la novela ¿o parodia? Copyright. Burla o pasatiempo, juego de espejos o escritura en serio a costillas de otros, juzgue el lector: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde en que, al despertar de un sueño agitado, Gregorio Samsa se encontró en su cama transformado en un horrible insecto”.

Los certámenes literarios se convierten a veces en mecanismos de apropiación. Mucho dieron de qué hablar en su momento los casos de José Saramago y Camilo José Cela (1906-2002). Cela, premio Nobel, escritor español que ganara en 1994 el premio Planeta con la novela La cruz de San Andrés, fue demandado por Carmen Formoso, autora de Carmen, Carmela, Carmiña, Fluorescencia. El juicio duró varios años, hasta que un juez dictaminó que la obra de Cela era “autónoma” y “original”, por lo que la denuncia terminó en el olvido.

El escritor mexicano Teófilo Huerta a su vez documentó la semejanza de su cuento “Últimas noticias”, incluido en el compendio La segunda muerte y otros cuentos de fúnebre y humorosa hechura, con los dos primeros capítulos de la novela Las intermitencias de la muerte, de José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998. “Entregué en 1997 mi obra a Editorial Alfaguara en México cuando Sealtiel Alatriste era su director, explica Huerta, quien había registrado su cuento en 1987.

Jabs y cabeceos
En México, hurgar en casa ajena ha traído como consecuencia no pocas guerras. Ni los nombres de vacas sagradas como Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez escapan a la sombra del saqueo. Memoria de mis putas tristes armó la polémica en torno a García Márquez debido al extraordinario parecido de esa obra con La casa de las doncellas dormidas, de Yasunari Kawabata, a decir de Gregorio Morán, autor de La sorda vejez de une escritor. Por su parte, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante puso en evidencia que Carlos Fuentes basó su novela Cumpleaños en una obra suya. El autor de Aura argumentó que “no hay libro que no descienda de otro libro”.

La polémica más reciente se da entre el crítico Evodio Escalante y el poeta Javier Sicilia, autor de Tríptico del desierto, obra ganadora del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2009 y publicada recientemente por la editorial Era. En el texto “Sicilia y la apropiación como recurso poético” (Laberinto, mayo 16 09), Evodio pregunta: “¿…qué sucede cuando un escritor mexicano de nuestros días, sin mencionarlos, sin anotar sus versos en cursivas o ponerlos entre comillas, y sin acompañar la cita de una pertinente nota al pie de página, indicando la fuente, se apropia de pasajes enteros de lo que han escrito y publicado estos poetas más que eminentes?”.

En relación a los entrecruzamientos entre un poema de Paul Celan y un texto de Sicilia, el académico e investigador cuestiona: “¿Se trata meramente de una paráfrasis? ¿O más bien de un pastiche? ¿Desde cuándo es válido tomar un poema de Celan, o de cualquier otro poeta conocido o por conocer, cambiar algunas palabras, introducir cambios al gusto y adobar pasajes, y firmarlo tan campante como si fuera propio?

A la semana siguiente la réplica del poeta no se hizo esperar en “Respuesta a un pequeño burgués” (Laberinto, mayo 23 09): “¿Soy realmente un plagiario? Un verdadero plagio sería, por ejemplo, que yo hubiera tomado los poemas de un oscuro u olvidado poeta y con él hubiera ganado un premio. Con ese acto estaría usurpando algo que a ese poeta, que nadie conoce, le pertenecía”. Sicilia se asume como parte de “…una tradición muy antigua y a la vez muy moderna para la que la noción de autor no existe y a través de la cual el poeta… dialoga con la Tradición y la reactualiza para otros”.

En “Respuesta al Kamikaze de Sicilia” (Laberinto, mayo 30 09), Escalante señala: “Abundé en torno a los ’préstamos’ y hasta informé acerca de un saqueo de materiales ajenos (Eliot, Rilke, la Biblia, Celan), pero jamás cometí la torpeza de emplear la palabra que tanto te satisface: plagio. Señalé, eso sí, que adobas, desfiguras y corrompes un extraordinario poema de Celan, “Fuga de muerte”, que transcribes casi en su integridad sin indicar la fuente o al menos colocar preventivas cursivas”.

Se diga lo que se diga, el tema de los préstamos, las cercanías, las influencias o el descarado plagio dan siempre de qué hablar. Tal vez Ernesto Sábato tenga razón: no existe la originalidad total. “Los dioses griegos también eran híbridos y estaban ’infectados’ de religiones orientales o egipcias. También Faulkner proviene de Joyce, de Huxley, de Balzac, de Dostoievsky”, dice contundente.

Copilandia
“Un sitio en internet (www.copilandia.org) se ha convertido en territorio, isla o país donde la propiedad intelectual no existe. Geografía en la que “una exposición de obras que provienen de todo el mundo soltó amarras equipada con materiales artísticos, copiadoras, computadores y sistema de sonido”, que invita a sus visitantes a “multiplicar, propagar y celebrar un intercambio libre de arte y conocimiento”, se lee en la entrada a la página.
Al menos 300 artistas y asociaciones, poetas, músicos, escritores, diyais, hackers, abogados, psiconautas, hechiceros, magos y anarquistas, en su mayoría reunidos en torno al festival “Sevilla Entre Culturas” 2005-2006, extendiéndose más tarde a Cali, Colombia, y con miras a conquistar Nueva York, son los artífices del material contenido en la isla virtual.
Margarito Cuéllar

Premio a Javier Cicilia

Sicilia, legítimo ganador del Aguascalientes
Luis Vicente de Aguinaga, integrante del jurado que premió el poemario de Javier Sicilia, exige una disculpa de Laberinto y cuestiona las afirmaciones que Evodio Escalante vertió en su debate con el poeta.




Guadalajara, 15 de junio de 2009

Señor editor:

Me dirijo a usted para referirme al artículo publicado en Laberinto el pasado 13 de junio bajo el título de “La poesía, ¿especie en extinción?” El autor, Evodio Escalante, se refiere a mí en términos difamatorios, y me parece justo exponer el ridículo mecanismo de sus razonamientos —por llamarles de alguna forma— y exigir de Milenio y del suplemento Laberinto ya no se diga una disculpa, sino una verdadera exculpación, en la medida que las ambiguas y desenfocadas afirmaciones del citado escritor están siendo difundidas con lujo de imprecisión y agresividad por el medio que, para el caso, usted representa. Todo ello, por lo demás, ha estado sucediendo en el marco de una polémica desencadenada en Laberinto por el propio Escalante a propósito del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2009 y del poemario ganador (Tríptico del desierto, de Javier Sicilia).

Juzgo importante señalarle que, lejos de reducirse a un artículo, dos réplicas y dos contrarréplicas, la polémica en cuestión se ha traducido en crónicas y artículos de signo muy variado, comentarios en blogs y cuantiosos mensajes de correo electrónico. Es de suponerse que las últimas declaraciones del promotor y principal animador de la controversia también recorrerán el mundo, ya que, así como la poesía bien pudiera estar “en crisis” o incluso “en extinción”, así también el chisme y el infundio gozan de cabal salud. Si, cuando Escalante asegura estar aproximándose al “verdadero trasfondo del asunto, del que hasta el momento apenas si h[a] podido ocupar[s]e”, alude a que la poesía es ese trasfondo verdadero, hay que aplaudir su honestidad: apenas ha tocado ese tema, y no precisamente con solvencia.

El pasado 24 de mayo, en un mensaje de correo electrónico dirigido a Julián Herbert y enviado con profusión de copias a destinatarios del medio, como se suele decir, Escalante creyó necesario aclarar el siguiente punto: “En mi artículo sobre Sicilia hablé de técnicas de apropiación y no propiamente de plagio... aunque casi todo mundo, empezando por el propio Sicilia, ha entendido literalmente plagio”. Después, en su contrarréplica del 30 de mayo, fue más enfático: “hablé en términos que quisieron ser técnicos de la apropiación como un recurso poético […], pero jamás cometí la torpeza de emplear la palabra que tanto te satisface: plagio”. Lo cierto es que sí la empleó, pero ya sería redundante recordárselo. El matiz que me interesa destacar es otro. En su mensaje a Jorge Mendoza Romero del 27 de mayo, Escalante le reveló al cosmos que su verdadera identidad no es la del mero profesor y crítico literario, sino la de un paladín de las buenas costumbres: “Lamento informarle que yo me muevo en otro estrato del pensamiento, de modo tal que todavía mejor que de paráfrasis y de sobados juegos intertextuales de lo que habría que hablar simple y llanamente es de inmoralidad”. ¿Cómo se llama esa “inmoralidad”, entonces, ya que no se llama plagio?

En su primer artículo, el que apareció el 16 de mayo pasado, Escalante informa que “un tribunal poético formado por escritores todos ellos muy respetables” premió el poemario de Sicilia. Cuatro semanas le han bastado al crítico para cambiar de opinión: llegado el 13 de junio, ese “tribunal poético” está, para él, a una “distancia […] sospechosamente corta” de la “complicidad”. En sus propias palabras, Escalante no se atreve “a levantar el dedo acusador”, pero habla en todo caso de “impunidad”, y de “algo [que] se cocinó de manera que parecería inadecuada”, y de un acta que “chorrea pus”, entre otras aparentes deshonestidades no menos vagas e indefinidas que las frases del documento notarial que tanto lo escandaliza.

“Nunca pretendí un ataque ad hominem”, declara Escalante. Lo mismo, con otras palabras, le aseguró a Julián Herbert en su mensaje del 4 de junio: “jamás he escrito una línea en mis textos críticos que esté encaminada a desdorar a una persona”. Sin embargo, en otro mensaje a Julián Herbert, éste del 24 de mayo, apuntó: “Con cinco o seis libros de poemas publicados, Sicilia no ha salido de párvulos”. ¿Qué se debe pensar? ¿Que la última declaración, al ya no formar parte de un texto crítico, no debe ser tomada en serio? ¿Que confinar al parvulario a tal o cual poeta no es desdorarlo ni atacarlo en su persona?

En el artículo referido, tras anunciar que da “por terminada” la polémica, Escalante se resiste a concluir de veras y, lejos de cerrar la “discusión”, la renueva con dos clases de consideraciones: unas, las primeras, en torno a la nociones de autor, texto e intertexto; otras, las postreras, en torno al Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, a su “falta generalizada de confianza y credibilidad” y al hecho, para él indigno hasta de la más elemental demostración, del amiguismo y compadrazgo que, según él, ejercimos Francisco Hernández, María Baranda y el que firma esta carta en beneficio de Sicilia, nuestro supuesto amigo común. “Resulta ya sintomático”, aventura Escalante, “que Francisco Hernández, María Baranda y Luis de Aguinaga, quienes premiaron a Sicilia, no sólo sean amigos entre sí, sino que todos a su vez sean… ¡amigos del ganador!” Amistad pública y sabida, por lo que se puede pensar, que ya constaba en la primera contrarréplica del mismo autor, publicada el 30 de mayo: “Quien califica sin más de imbéciles a los miembros del jurado, que para mayor agravio son tus amigos, eres tú mismo [Sicilia], y no yo [Escalante]”.

En el mismo párrafo en que asevera que Sicilia, Hernández, Baranda y De Aguinaga compartimos una especie de amistad culposa, Escalante confiesa que siente “una admiración irrestricta por Francisco Hernández” (elocuente detalle moral: su admiración por un poeta como Hernández tiene que confesarla) y certifica que conoce “muy mal a María Baranda y todavía menos a Luis de Aguinaga”. El 30 de mayo Escalante se había dirigido a Sicilia echando mano de una ironía premonitoria: “Con pena te informo que no tengo amigos en el CISEN”. Yo lo pongo en duda: ¿cómo, si no es recurriendo al espionaje, puede saber Escalante quiénes tienen la mala fortuna o pésimo gusto de ser mis amigos, cuando él mismo admite que sencillamente no sabe nada de mí?

He visto a Javier Sicilia dos veces en mi vida. La primera fue hace trece años, durante un homenaje a Elsa Cross en la Casa del Poeta; la segunda fue hace cuatro meses, el día que se hizo pública la noticia del Premio Aguascalientes. En cuanto a Hernández y Baranda, puedo resumir así mi relación con ellos: no tengo sus números telefónicos ni suelo dirigirles mensajes de correo electrónico; no conozco a sus familias ni he visitado nunca sus domicilios; no me cito con ellos cuando voy a México ni sé cuándo sean sus cumpleaños; no les he dedicado poemas ni solicitado que presenten o reseñen mis libros, ni ellos a mí. Eso sí, me siento en buena compañía cuando estoy con ellos —con cualquiera de los tres o con los tres al mismo tiempo, como sucedió en febrero pasado, en la conferencia de prensa del palacio de Bellas Artes— y me haría muy feliz poder frecuentarlos con más asiduidad. ¿Se refiere a esto Escalante cuando, después de aventurar con extraña desenvoltura que yo soy amigo de Javier, Francisco y María, probablemente sea también su cómplice? ¿No querrá decir más bien —porque, a estas alturas de la “discusión”, está claro que a Escalante no sólo hay que interpretarlo, sino traducirlo al castellano— que María Baranda, Francisco Hernández, Javier Sicilia y Luis Vicente de Aguinaga no somos enemigos? Además, ¿de qué “complicidad” habla este crítico? ¿He cometido yo algún delito, a solas o en compañía de Baranda, Sicilia y Hernández? Una cosa es verdad: yo siento más afecto por Javier Sicilia desde que comenzó todo este alboroto, y esto no me parece que haga falta explicarlo ni justificarlo ante nadie.

En mi caso particular, mi lectura del poemario de Sicilia está plasmada en el artículo que, bajo el título de “Pronto llegará la noche”, publiqué a principios de mayo en el número 132 de la revista Crítica. No estoy haciéndome propaganda ni pidiéndole a nadie que lea mi texto; aspiro nada más a que no se ignore su existencia, ya que desde luego es un artículo vinculado con este asunto y es anterior a la primera intervención del señor Escalante. Las actas de los jurados, trátese del concurso que se trate, no son —para mí— piezas de crítica literaria; ciertos artículos, en cambio, sí pueden llegar a serlo. Eso sí, es indispensable no desvariar, no cambiar de tema sólo para obligar al interlocutor a desechar sus dudas y objeciones, no tratar de ocultar lo inocultable y, sobre todo, no “confundir la crítica con las malas tripas”, que dijera Juan de Mairena. Por estas razones, yo no hablaría de crítica literaria bien hecha en el caso del artículo publicado por Evodio Escalante hace poco menos de un mes, ya no se diga de los dos restantes. En cambio, Tríptico del desierto me sigue pareciendo un libro excelente, legítimo ganador de un concurso al que se presentó sin trampas de ningún tipo.

Sin más que añadir,

Luis Vicente de Aguinaga.

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RESPUESTA DEL EDITOR

Señor De Aguinaga:

Ni a usted ni a nadie le debo una disculpa por la polémica suscitada en Laberinto a raíz de la crítica de Evodio Escalante al poemario Tríptico del desierto de Javier Sicilia. Ambos autores han expuesto sus argumentaciones y puntos de vista con entera libertad en este suplemento, como ahora lo hace usted —espero que nadie me pida una disculpa por publicar su carta en la que recoge opiniones expuestas en otros medios, entre ellos blogs y correos electrónicos.

Atentamente
José Luis Martínez S.

lunes, 8 de junio de 2009

No me gusta

No me gusta ver caminar al hombre hacia la niebla
perderse en ella como una sombra blanca
que también se vuelve niebla.

Son tan grandes los espacios
para que los pasos se pierdan para siempre;
y tan comunes los cruces de caminos
donde resulta inútil preguntar por las personas.

No me gusta que el sol se oculte antes del ocaso.

Ni que una voz se quiebre a media melodía.

No me gusta, pero pasa
comúnmente pasa
y cuando pasa,
no queda mas que ese halo de su la luz de su presencia
que nos dice que ese alguien ha existido.

Hoy, que nuestras voces son
las que llenan los espacios del los ecos
y se beben la luz de la vida en la pupilas
no me gusta, no
pero siempre ha ido así,
y hay que caminar con esas ausencias.
mientras nos volvemos ausencias.

sábado, 6 de junio de 2009

Papelito chino

He andado perdido en la Alameda.
Sí, perdido...
Como se pierde un gorrión entre las ramas,
o una araña submarina, en una fuente vieja,
esperando que las moscas
agoten su adicción al delicioso oxigeno.

He andado caminando como autómata
con los bolsillos llenos de monedas
y los pensamientos llenos de esas palabras tuyas
deliciosas y alegres.

Los teléfonos públicos se han vuelto cosas obsoletas
como obsoletos son los cantos de poetas
en una noche oscura
cobijado por olor de trementina
de algún pino obcecado
en su afán increíble de volverse bosque.

He andado perdido largas horas
como única referencia de mis largos caminos
el papelillo aquél que no es poema
sino presagio chino oculto en la galleta

"Esta tarde, es hora de empezar algún romance"
dice la absurda letra.

Has partido en pos de una mentira
bisutería apenas
para llenar la tarde de sonrisas.

Aquí y Allá

Tú estás aquí
Yo estoy allá...,
todo es posible en este mundo tan chiquito
todo es posible en esas noches tan cercanas
todo es posible en este intento tan deseado.

Tú estás allá y estás aquí;
nada es igual a estar en ambos sitios,
a compartir suspiros
y el sonido de besos
que se convierten pronto
en estampida de vampiros amorosos
que se prenden con hambre de tu cuello.

Yo estoy aquí y estoy allá.

No hay escenarios lejos de los sueños
sólo basta un minuto...

¡Qué digo un minuto!
¡un nano segundo!...

...y te beso
y te abrazo
y te digo que te quiero

...que te quiero
...que te quiero.

Tú estás aquí
en mi pecho,
tras cada beso escucho tus latidos

tras cada beso...,
mi corazón se aloca inmensamente.

Tú estas aquí
Yo estoy allá
hoy es posible eso y más:
como mandarte un beso
y recibir un beso

Y sentir que te quiero.

Tú aquí
Yo allá.

Te quiero
es posible el te quiero

cualquier te quiero...