lunes, 21 de febrero de 2011

Ah... sí...
me asombro bastante
me llenos de esperanza fervorosa
cuando veo a las multitudes que gritan y cantan
y resisten
como si en verdad fuera la hora
en que suenan las viejas alarmas de la esperanza
de un lugar así de hermoso
como el no tener que protestar.

Pero vuelvo a los rostros viejos de los hombres
a los ojos errados de fortuna
donde cada estomago tiene su propia hambre
siendo el hambre tan común
y cada cabeza tiene
sus desgarbados sueños
tan llenos de fantasías y emociones.

¡Oh esa multitud!
Qué pronto se desgarrará las vestiduras
y se jalonarán los cabellos
y se buscarán las espaldas
cuando la trompeta suene
y sus paradigmas vuelvan a ser el yugo
donde pacen todos los días de la semana.