sábado, 8 de enero de 2011

Entre tu silencio y mis murmullos sólo media el recuerdo.
Sagrado e indestructible hasta la última gota de sangre vagabundeando en mis venas.
Vuelvo a mirar
con esos ojos que miran los fantasmas
y tus ojos enmelados despiden su dosis de ternura.
Vuelvo a mirar y en tu boca cerrada por el tiempo
aparece la generosa sonrisa.
En mi mirada surge como torrente
entre las ranuras de la barca del tiempo
esas mismas preguntas pasajeras
con las mismas respuestas.
no me preguntes a mí que sé tanto o tan poco como tú
ni preguntes a nadie, que sabe tanto o tan poco como sabemos nosotros
aunque en su imprudencia te explique e intente imponer en ti
sus absurdas mentiras.
Qué lejos te queda el viento para volverte eco
que vanidad la mía al pensarte poseedor de algún misterio tan sólo por ser muerto.
Los ojos se cerraron
-como decías tú-
nada puedes saber estando muerto.