domingo, 16 de enero de 2011

Ella sigue celebrando sus rituales.
Bajo el tejado no sé que extraña alegría murmuran las palomas.
La noche blanca, lunar,
tiene un macizo collar de turquesas manchadas de  neón
a la que el perro ladra en su lenguaje explosivo.
Sale desnuda rumbo al patio.
El olor de cerezo hace parecer más fresca la noche.
Decenas de ojos masculinos la espían desde un follaje con rostro de fantasma.
Baila desnuda
se acaricia los senos
los redondos pezones lucen
coronando la bella caída de sus frondosos senos
entre vueltas y vueltas deja columpiarse la negra cabellera
sega lujurias que se acarician solas entre una mar de sueños.
Enciende las hogueras y deja abiertos los pórticos
un sólo amante, uno...
bebe la cereza que no empalaga los sentidos
la abeja reina guarda los aguijones en su cuerpo
la eternidad fluye como agua de fuente
todo cambia de nombre y se escribe en otras lenguas
pero ella conserva sus rituales
y ante los ojos despierta
siempre
las mismas sensaciones.