domingo, 14 de noviembre de 2010

Entre Paz y Sabines. Una tarde de Otoño ya inexistente.

Ya no recuerdo cuando, pero era...
era una tarde de esas que se visten de sábado,
aunque bien pudo haber sido
una tarde de viernes,
despojada de su hedonismo carnal,
sujeta
a la brida dorada de la poesía.

Debió haber sido en el Auditorio Nacional.
ése que a veces no llenan ni las estrellas de utilería de la narcopantalla televisiva.

Era tarde de poetas.

¿Cuantos pasaron a leer sus obras?
...ni los recuerdo siquiera.

Sólo sé que esa tarde leía Sabines
y la poesía alcanzaba auditorios "casi futboleros" por el lleno completo.

Iniciaba Paz la lectura de su octavo poema
con esa voz quebrada, nasal y perezosa
característica del intelectual orgánico preferido del sistema
 cuando empezaron...
primero los aplausos;
luego los silbidos.

Paz se interrumpió molesto.
Pero nada silenció a las multitudes.
Tenían hambre de poesía y de poeta.
Pero no de poeta de mármol
ni de poesía monolítica.

Poesía viva
de esa que anda merodeando por las plazuelas cuando se extravía a ratos
para desperezarse de los corazones empalagados.

 Los silbidos ocuparon todos los nidos de los ecos:
Seguía Sabines....

Paz recogió sus hojas
y por fin se marchó;
 y Sabines vino hacia las luces
caminando con un pedazo de luna en el bolsillo,
y una poesía expuesta
como en puestos de tianguis
a lo largo de sus largas avenidas de palabras
como calles de ciudad llena de voces y luces,
desde donde el oyente se daba permiso de soñar
y de encantarse
con las imágenes de los espejos
de su mundo de cristal..

Se perdió la cuenta de cuantos poemas leía entre aplausos y silencios.
Al final de cada uno
el griterío se generalizaba.

"¡Otro! ¡Otro!"...

...y fue otro...
y otro más.

Hasta que la tierna nostalgia cumplió sus primeros segundos de vida
y  se volvió vieja.

La figura del poeta se esfumó tras la cadencia de sus pasos.
Y el monstruo de mil corazones apaciguados
se resignó a esperar
sumido sumido ya en la espera;
y los labios humedecidos
a resucitar  en el tiempo perdido
con el elixir
del más dulce de los encantos.