martes, 30 de marzo de 2010

desde la cruz, herido,
el moribundo mira las consciencias
como playa de arenas
que lo quieren librar de su anhelada agonía

desde los pechos
el corazón palpita arrepentido
con sus migajas con sabor a vinagre
y su mortaja al hombro
en espera
de su juicio final

del mundo brota unido el llanto
olvidando los cardos, las heridas,
porque es suya
la causa del doliente que agoniza
queriéndolos salvar
de su propia encrucijada

Santos días de duelo
que culminan el ritual
de la pasión
en espera
del sábado glorioso
de la resurrección
que devuelve la alegría
de no pensarse muertos
concluyendo la vida.