viernes, 8 de enero de 2010

Poesía Pura.

En  el barroco se  llegó, dentro del ámbito de la música, a degenerar el sentido musical profundo,  en pos del exhibicionismo, casi malabarístico, de los intérpretes, creando una mecánica dentro de la composición, más interesada en exponer los dotes de éstos, para asombrar a los auditorios, que en la riqueza y contenido de las obras. Tal exceso y desviación del arte musical inspira a los compositores para efectuar un cambio y devolverle a la música misma ser el motivo y razón de su práctica como arte.

Algo similar sucedió con la poesía,como una reacción contra el romanticismo decadente que, había convertido en tópicos retóricos las auténticas esencias romántica. Surgen, a mediados del siglo XIX, diversas teorías de lo que denominarán Poesía Pura. Unas la proponen como la  preponderancia musical en el lenguaje poético; otras equiparan la pureza poética a fusión de fondo y forma; para otros la poesía equivale a un estado místico.

Los poetas puros destierran del alma los elementos descriptivos: lo pintoresco, lo narrativo, lo anecdótico; rompen los enlaces del sentimiento normal con el mundo circundante. Despojan a la poesía de esa veste que es la retórica y hasta la privan de la carne y sangre para quedarse con la médula esencial.

Poesía pura es lo que permanece en un poema después de haberlo desnudado de cuanto no es poético.
No aspira a despertar en el hombre sentimientos ni emoción, sino suscitar un clima musical mediante la fonética del lenguaje.

DORABA LA LUNA EL RÍO

Doraba la luna el río
-¡fresco de la madrugada!-
Por el mar venían las olas
teñidas de luz del alba.

El campo débil y triste
se iba alumbrando. Quedaba
el canto roto de un grillo
la queja oscura del agua.

Huía el viento a su gruta
el horror a su cañada;
en el verde de los pinos
se iban abriendo las alas..

Las estrellas se morían
se rozaba la montaña;
allá en el pozo del huerto
la golondrina cantaba.


Juan Ramón Jiménez.