viernes, 2 de octubre de 2009

Muerto

Se quedó quieto. Su mirada aún acusaba el gesto de sorpresa de verme sacar una pistola y apuntarle a la cara.
Yo miré con asombro su enorme cuerpo, haciendo el prodigio de mantener el balance. Se miraba raro. Era un montón de carne y grasa sin voluntad que se quedó trabado entre la silla y la mesa; mientras las moscas empezaban a beberse la sangre coagulada que le manchaba todo el rostro.
Después de largos minutos de verlo así,  muerto, me levanté, deje unas monedeas para el cantinero y me marché de ahí después de darle una patada al cuerpo para que de una vez se mostrara, muerto.