viernes, 11 de septiembre de 2009

La lluvia, la guitarra y un roble presunto.

¡Oh la lluvia ayer sobre mis hombros!,
valiente, mi guitarra naufragó
en su ataúd de silencios
por las calles pintadas de diamante.
Era mi paso una especie de catapulta
que hacia nacer las olas
y revolver el cuerpo
de las charcas furtivas
del extraño septiemre.

Las calles se quedaron vacías.
¡bien que tienen los perros sus guaridas!
y  los ojos de marzo
cobijados por nubes
me dejaban un recuerdo en la mojada.

Mi guitarra y yo en una calle solamente poblada por la lluvia.
Ella se soñó barca
y yo:
yo siempre he soñado ser roble
con el alma cubierta de olorosa trementina.