martes, 25 de agosto de 2009

Secuestrado

Miro los dedos de mis manos como si fueran golondrinas
cuento mis horas como si fueran hilos que cuelgan desde el cielo
oigo llamadas que dicen cosas feas en mi nombre.

Me he vuelto un niño de pecho
le temo a las sombras
a los ruidos de los goznes las puertas que se abren y se cierran
a los pasos veloces
a los pasos lentos.

Escucho...
Pongo atención al lenguaje de los ruidos
una locomotora muerta me llama desde la puerta de una fábrica
y el vuelo de un avión, me hacer desear distancias;
hasta mi cautiverio vienen vuelos de mariposas,
un jardín bondadoso suelta olor a jazmines
aunque a mis circunstancias se antojen crisantemos.


Tu corazón me llama
me dice que me quiere
me busca entre una mar de techos por los cuatro horizontes
escucho tus preguntas y respondo
mas son tantos murmullos en la ciudad eterna
que tus ojos se cansan y vuelven sin respuestas
a ese lecho de piedra donde duermes despierta.

Mi soledad se ha vuelto un gato que viene por entre los tejados
viene y me acaricia cuando me derrumbo
cuando lloro
cuando mi silencio va más allá del estar callado;
luego se marcha,
se va por los techos,
se lleva entre las patas un mensaje encriptado:
las reducidas letras que buscan, en la mar de indiferencias,
decirle a quien las lea que estoy desesperado
que tengo miedo
que para mí el hombre se ha vuelto fiera
que la crueldad viene sobre mi rostro como escupitajo articulado
que mi condición humana, se ha reducido a un cotidiano ruego
a la humillante entrega de todos mis tesoros
los de mi cuerpo, brutalmente reducido;
los de mi vida, con tantos sufrimientos alcanzados;
sólo me queda el alma
la que siempre está lista para emprender su vuelo
tras el breve disparo
o el bisturí mortal que me separa el cuello.

Mi soledad dormita sobre mi vientre quieto
y mis ojos vendados buscan la luz de dentro…
Acuden tantos ojos, como rostros, sin tiempo.
Tu sonrisa aparece, y luego…, no la encuentro.

Como flores volaron todos nuestros secretos
vino un viento perlado de corazones muertos
muertos que hemos creado con el propio silencio
siempre estamos callados mientras miramos, quietos,
que la esperanza muere, si nos mostramos muertos.

¿Habrá una luz del alba para mis ojos ciegos?
Si los miro mañana con rostro al descubierto
voltearé mi mirada buscando tus recuerdos;
no quiero ser sólo alma, mirando gestos fieros.

Quizá que haya un mañana, para tus brazos,
quiero.