miércoles, 26 de agosto de 2009

En Paz

Cuando crecí,
la necesidad de Dios se disipó como el Sol de la tarde
así se fue, entre un par de nubes olvidadas,
y quién sabe cuantos cerros
le dio la vuelta al mundo
y cuando volvió al día siguiente
ambos estábamos libres para
jodernos en las penurias
y saborear la felicidad.


Dios ha estado, como siempre, ausente,
debe gozar, como yo, su libertad
y sufrir mi olvido, como yo sufro mis duros momentos.


Estamos en paz.
De cualquier forma
lo que él puede darme nada alivia
y lo que yo puedo darle
si acaso puede rebosar
su profundo mar de remordimientos