martes, 28 de julio de 2009

Sabor a Guitarra

Sabor a guitarra (La guitarra y yo)

El éter incesante de mis tiempos fugitivos
tiene sabor a guitarra.
Madre de mis dedos sufridos
de mi uña atormentada
que parecen espaldas sobre las cuales se agita
lacerante
la dolorosa cuerda de guitarra.


Mi palidez brujal con que cohabito
para asustar la sombra de la ausencia
tiene matiz de tapa de guitarra
con resonancia hueca
para albergar por siempre las palabras
que nacieron sonido
que nunca se hizo letra.

Mi mar de mirada,
con sus olas de llanto
se pueden esconder tras mis pupilas
resguardando mis penas dulcilineas
con cuerpo de culebra
que no te dicen nada si no miras
y si miras se cierra como puerta
protegiendo de extraños
su aroma de miel seca.

Mi silencio sabe a guitarra.
Aire templado y dulce
que adormece el sereno
a mis niñas llamadas fantasías
que suelen tener su tiempo de recreos
para vaciar en cuerdas
las danzas piel morena
de sus pisadas tibias.

Mañana
tarde y medio día
tiene enjuto cuerpo
de astilla de pino adormecido
que recuerda
y que me guarda
para mejores tiempos fugitivos
ese aire de guitarra
con sonar de volar adormecido
sabiendo a guitarra
porque su hermano he sido.