miércoles, 11 de marzo de 2009

Lo que es..., no tener qué escribir.

El tiempo es una tempestad apocalíptica.
Una vorágine violenta y asesina.
Las viejas vestiduras de los santos
son disfraces de pillos
que burlan la ternura.

A pesar de que intento
comprenderme más allá de una mirada pura
que se prende de luces
y de sombras
siempre se queda
en la invisible conciencia
la idea de que el "dentro"
es fantasía pura.

Sumergido en las profundidades del océano de gases
voy navegando entre ecos y destellos
que mi mente loca y ociosa convierte y ordena de tal forma
que le da espacios perfectos
estructuras razonadas
y las llama vida.

Las estudia y legisla en sus efectos
como el ciego que conoce, de sus nieblas, la espesura.

Esta mañana mortal como las otras
frente a mi pantalla cotidiana
rutinaria se presentó la rutina,
vieja como un matrimonio disfuncional
sorda como una religión absurda.

Mi renuente locura le cerró las puertas
y se envolvió en su manto de profeta
desde donde el reducido universo
le permite ser internamente sabia.