domingo, 22 de marzo de 2009

Es tan loco el amor

Ella no era como la mujer de mis sueños:
voluptuosa y desmedida en sus formas más sensuales.
Era apenas una chica desnutrida con formas naturales
pero tenía ese mirar de lado, con ojos tan atentos que te miran con extremo cuidado
mientras sus labios abiertos dejan fluir su risa y desenfado.
Tenía esos pies de dedos tan delgados como los dedos de las manos
mal envueltos en curiosas alpargatas de pisada suave como de las gatas
y ese andar tan delicado haciendo que su falda se agite lado a lado.
No le recuerdo más rutinas que espiar mi venida en las esquinas
y hacer la charla tan llena de señales que tal parece que más que hablar enseñas.
Es hija de anarquista socialista exiliado de la república española
que suele declarar mal los poemas y destruir los cantos desde la pianola.
Adora a Marx, a Lénin, a Márquez a Machado y Lorca,
ama a Serrat y lloró la muerte de la Durcal como loca.
Ella es así; si la critican..., a ella no le importa.

Se enamoró de la Bouviere desde los diecisiete
y me quiso hacer como sentir Sartre se siente
con sus cartas de míticos romances desde su habitación alejada de ultrajes
desde donde inventaba jugar desde muy niña con sus muñecas y viejas fantasías.

Ella es de izquierda, se dice socialista, repudia la ambición del que conquista
su vanidades y sus excesos sin importarle que el dolor exista
entre los seres que padecen hambre.
Pero le gusta ir a misa algún domingo, "sólo por lo bonito";
mientras deja que me deleite en los murales
con tantos motivos religioso-espirituales casi renacentistas.

Es hija de anarquista
exiliado de la república española
que sin dejar que medie algún obstáculo
disfruta cada semana
de la revista HOLA.
Mira telenovelas
y no se pierde de los programas de chismes
de una farándula pueril y consumista.

Le gustan de la Biblia mil pasajes
y a veces llora con los personajes
y suele decir preces cuando se siente sola.

Le gustan mis poemas más sencillos.
Se acuesta entre mis piernas
igual que los chiquillos
mientras mi voz rasposa
va diciendo los versos
como si cualquier cosa.

Sabe de su belleza, qué me excita...
no necesita deshojar las margaritas
me fascinan sus pies, sus manos, sus pezones
que siempre oculta vestidos a la vista
y que descubre sólo para íntimas cuestiones.

Para hacer el amor enciende tantos cirios
que más que sexo se me ocurre algún concilio,
decora sus ambientes con nardos y lirios,
y usa chanel número cinco,
se pinta las uñas largas de colores
usa calzones y corpiños que parecen flores
abre sus brazos siempre acogedores
y me hace de su cuerpo un dulce paraíso
que sólo entiendo que la suerte quiso
se me obsequiara su existencia con todos sus favores.

Le pone tres paquetes muy sensibles de condones
a mi maleta de equipaje por probables ocasiones
y sólo pide, por favor, las precauciones
por si algo se atraviesa que venza las razones.

"No traigas mal a casa", me dice de un modo que anticipa los perdones
que su mirada suplicante recompone
comprendiendo que el mundo tiene sus tentaciones;
más siempre vuelvo muy lleno de pasiones
por su pelo castaño y sus etruscas expresiones
que todo tienen, menos reclamaciones.

Acude a marchas defendiendo derechos
defendiendo al maíz para que haya país
a las lesbianas y a los homosexuales
con los que se revuelve entre besos y abrazos fraternales;
reclama libertades para sociales presos,
la indignan lapidario gestos para con las mujeres.
Tantas veces la miro y me pregunto a solas
sin entender del todo sus motivaciones
el cómo es que te quiero después de tantos años
con tanta nueva fuerza, sin pensamientos vanos
mas allá de los veinte y de las discusiones,
de las canas precoces y de vencer juntos a tantos desengaños.

Si me preguntas por qué ha durado tanto nuestro sueño.
Yo no sabré decirte algún por qué

No es por mí.
Soy sólo pasajero en su menaje
hizo maletas algún día,
y sin saberlo yo,
me puso en su equipaje.

No soy yo. Ella es la rectora de su vida
la jardinera que siempre siembra en nuestro huerto las semillas
que hacen brillante primavera asombro de cualquiera...
Sus pasteles de Moka o de tres leches
las gelatinas de vainilla
o el capuchino que insistente, por las mañanas, bate.

Será que aún no se apaga su verano,
y es el invierno tibio
donde su cuerpo se vuelve chimenea
bajo cobijas de franela que parece seda.

No soy yo.
No tengo las respuestas
es un evento inexplicable
quizá es casualidad que un día llamó a mi puerta
que por fortuna había dejado abierta
y que llenó mi cuerpo de árbol con tantos pajarillos
que compitieron con un solo chiquillo
que desde niño aprendió a buscar las cosas ciertas.

No lo sé.
No encontré ninguna formula secreta
no soy nadie especial...

¡Es tan loco el amor!