viernes, 27 de marzo de 2009

El Ritual

Tu mirada me dice lo que soy para ti.
Hay en ella un rechazo arrepentido
o una tentación doliente.


Tu mirada se hiere a sí misma
con los huracanes internos que la envuelven.

Tu mirada me mira en su recuerdo,
en el momento aquél en que, abordada,
alojas mi cabeza entre tus piernas
y te dejas besar
por mis labios hambrientos
en tus labios morenos,
de formas arrugadas.

Me gusta masturbarte con mi boca
me gusta relamerte entre quejidos
me gusta hacerte oler a aromas misteriosos,
y extraerte el néctar, de las paredes rosas
de tus suaves tejidos
a veces, monacales.

Me gusta saborearte en tus internos
pintarte con mi lengua
chuparte hasta sorberte,
donde juntos, tus pliegues
reconstruyen,
la bóveda celeste.

¡ Me gusta !

Me gusta tu impaciencia...
Tu languidez impronta
lejos de los mezquinos paradigmas
que vuelven tu conciencia un pobre nido.

Te despiertas, mujer...
La mujer hambrienta,
se trasmina en tu piel.

La veleidad se asoma
se mueren, silenciosos,
los tabúes vacíos;
y todo tu universo,
se me ofrece, tan mío.

De mi obelisco manan
jugos desconocidos
y todo este universo
que construimos locos
se perfuma de pronto
con el incienso impío.

Mi cuerpo tiene una hambre
por tu cuerpo encendido.

Me alojas con tu boca.
Me absorbes todo entero.
Nuestros cuerpos se enroscan
raros...
¡ Desconocidos!,

Navegando entre piernas
se embriagan nuestros rostros
con los ojos cerrados
comiendo sus delirios.

Temblores tormentosos...
¡Son ecos...!
¡Son suspiros...!
¡Son incendios voraces
los que hemos esparcido!

Vorágines de besos
que anhelan ser unidos.

Sobre tu cuerpo flota,
volando, el cuerpo mio.

Mi rigidez se aloja
en tu cuenco de rosa
que me ofrece el vacío.

Hueles a mariposa
y yo a encino tardío
que entre tu cuerpo arroja
su resina jugosa,
mientras el tiempo goza
contemplando el rocío.

Te acuestas a mi lado.
Me regalas tu boca.
Te dibujan los pechos
con sus oscuras rosas,
mis dedos tan urgidos.

Tu cintura se quiebra...
Son tus pies dos palancas
tras los talones míos
que con fuerza me arrastran
hacia tu glúteo altivo.

Nuestras partes se gozan.
Todo en ti sumergido.
Tu deliciosa boca
me aloja, consentido.

Se mecen tus caderas
atadas, como barca,
en medio de tormenta
a este puerto mío.

Se desata el diluvio
donde no había llovido.

Se transmiten corrientes
de un palpitar divino.

Se agolpan las respuestas.
Todo es un mar bravío...
Las compuertas del cielo
se han vaciado y cedido.

Las almas están quietas.
Los cuerpos aún unidos.

Un murmullo de cantos
nos recorren tardíos.

Se quedan con nosotros:
muchos momentos vivos.

Los cuerpos se alimentan
del maná prometido


Un momento se aquietan
satisfechos, queridos...

La huellas de tormenta,
-de diluvio vivido-
se tuesta entre las piernas,
sellando lo ocurrido.

No hay ventanas abiertas
que revelen El Rito,
sólo nuestras miradas
y un silencio bendito.

Aún faltan más horas
para partir -huidos-
del banquete amoroso
tras promesas, cumplido.



Nuestros cuerpos se rozan.
Se incendian los sentidos.
Nos embriaga de nuevo,
cobijado en la noche:
El Ritual conocido.